EPIFANÍA.
LATIDO A LATIDO
Latido a latido, has puesto tu tienda en nuestra historia y te revelas como un Dios débil entre los débiles.
Eres la carne del misterio sobre todo misterio.
Ábrenos el entendimiento y el corazón para seguir confiando en tu presencia sanadora.
Pálpito a pálpito, has entrado en lo más íntimo de nuestra historia por medio de tu Hijo, – la mejor exégesis de Dios -.
Eres la palabra de Dios para todos los seres humanos.
Ábrenos el corazón para arriesgarnos a cuidar de verdad la vida que nos rodea.
Respiración a respiración, por ti sabemos que toda biografía está atravesada por un hilo de gracia, por una presencia, por un poder silencioso que recrea y enamora.
Ábrenos los ojos para comprender que tanto amor no puede terminar, como si todo diera igual.
Asombrados, descubrimos que podemos tener experiencia de Ti a través de la experiencia de ser hombres, – humanos a veces demasiado humanos -.
Haznos audaces en la fe, la esperanza y en la caridad a pesar de nuestras limitaciones.
Dios de los hombres, haznos capaces de crear la nueva humanidad desde la debilidad y no desde la fuerza, el poder o la riqueza.
Eres la universalización de Dios.
Haznos capaces de predicar a Jesucristo desde nuestra actividad: que lo que hagamos como seres humanos sea un espacio sagrado de ternura, de encuentro, de entrega gratuita.
Fortalécenos ante los retos que estos tiempos extraños y convulsos nos ponen por delante.
Danos paz en las decisiones que tomemos.
Ilumínanos en nuestras maneras de entender el mundo y lo que nos pasa en el mundo.
Santifícanos en nuestros esfuerzos por la construcción de la fraternidad universal en santidad y justicia.
Haznos instrumentos cuidadosos y benéficos en nuestras relaciones personales y sociales.
Haznos constructores de ambientes seguros donde todos podamos vivir en libertad y confianza.
Haznos compañeros de camino de los mejores de la humanidad que buscan paz y justicia.
Que miremos más y mejor la realidad para detectar el poder Tu Espíritu que aventa los corazones de los santos, de los justos, de los benefactores de la humanidad, tengan la confesión que tengan.
Que no deje de dolernos en corazón por todos los humillados y ofendidos en su dignidad humana.
Que no deje de dolernos tanta y tanta barrera física, legal y emocional ante los descartados de la historia.
Que no deje de dolernos tanto sufrimiento evitable de los más vulnerables.
Oh Dios,
bendícenos,
impúlsanos,
mejóranos.
Enraízanos aún más en Ti.