Señor Jesús, ¿qué has visto en nosotros para que nos llames a colaborar en tu misión?
Somos demasiado normales, demasiado hijos de nuestro tiempo: las flaquezas se transparentan en nuestros rostros, a diario nos sentimos bloqueados por nuestras limitaciones y nuestros miedos. Somos medianillos que chapoteamos como podemos en nuestra vida.
Señor Jesús, ¿Cómo darte las gracias por llamarnos? Es la mejor noticia que hemos tenido en nuestra vida. Sabemos que tu presencia es lo que hace que podamos ser significantes en la vida de los demás. ¡Qué inmenso regalo el sentirnos colaboradores de las fuerzas de salvación que dan esperanza en este maltrecho mundo!
Señor Jesús, que no nos olvidemos que eres lo más íntimo de nuestro corazón, lo más fuerte de nuestras fuerzas, la fortaleza de nuestra más íntima convicción.
Si fuéramos monjes, diríamos que Tú eres nuestro monasterio. Pero somos cristianos en medio de las turbulencias de nuestro tiempo. Llena de tu amor los detalles de nuestra normalidad cotidiana. Llena de amor todas y cada una de las relaciones con las que transcurren nuestros días. Llena de amor todas las palabras que pronunciemos: que salgan de un corazón sanado por Ti.
Señor Jesús: sabemos que Tú eres la vida de nuestra vida, la palabra de nuestra palabra, el testimonio de nuestro testimonio.
Queremos seguir contigo. ¿A quién acudir si no es a Ti?
Señor Jesús: Impúlsanos aún más. Que seamos más compasivos, que seamos más fraternales, que seamos más solidarios.
Señor Jesús: que no tengamos miedo a sembrar y a proponer lo que realmente hace falta: austeridad inteligente en la construcción de nuestros hogares y nuestras asociaciones, sobriedad compartida en todos nuestros proyectos, inteligencia compasiva en todas nuestras acciones.
Señor Jesús: que no nos alejemos del corazón del mundo que deseamos que sea nuestro corazón, un corazón habitado por Ti, Salvador del mundo.
Señor Jesús: Somos hombres y mujeres de este mundo, camino de la salvación, misteriosa, total, vital que has iniciado en toda la realidad, en todas las criaturas, en todo lo que alienta vida. Amén.
Señor Jesús, aliento de los corazones heridos, aliento de los corazones sanados, aliento de los corazones santos.
Señor Jesús, asombro de un amor, asombro de una fraternidad, asombro de una esperanza sin fin.
Señor Jesús, contigo somos uno con la humanidad, contigo somos uno con la vida, contigo somos uno con la realidad.
Señor Jesús, contigo superamos la densa oscuridad del sufrimiento, contigo superamos la incierta suerte en estos tiempos extraños, contigo superamos tanta y tanta contradicción en las que vivimos.
Señor Jesús, contigo vamos más allá del miedo animal que nos habita, contigo vamos más allá de cualquier desdicha fortuita, contigo vamos más allá de cualquier maldita desesperanza.
Señor Jesús, sostienes la médula de la realidad, sostienes la esencia de la humanidad, sostienes el latir de la humanidad
Señor Jesús, salvación, santidad, vida por los siglos de los siglos.