Ante Ti, Señor, mantenerme despierto. Ante los demás, mantenerme despierto.
Despierto, ante ti, Señor… porque nos rodean nieblas, ruinas, miedos… como arañas negras en medio de una pesadilla. Despierto, ante ti, Señor… porque hay captar muchos destellos de verdad, de bien, de belleza… como la brisa fresca del amanecer.
Despierto, ante ti, Señor… porque nos acucian las mentiras, las soledades, los límites muy humanos de lo humano… como una granizada de piedras hirvientes. Despierto, ante ti, Señor… porque toca cultivar lo mejor de uno en estos tiempos de síntesis, de valentía, de profecía… como el aire sano de la fuerza del Espíritu.
Despierto, ante ti, Señor… porque nos agotan los tramposos, los soberbios, los cegados por las poses de maniquíes falsos con ropajes falsos. Despierto, ante ti, Señor… porque se intuyen muchos síntomas de esperanza, de misericordia, de cuidado… indicios como el viento santo cargado de futuro insondable.
Despierto, Señor, junto a mis estupideces, junto a mis sombras, junto a mis límites… que tan bien conoces.
Despierto, Señor, ante ti, tembloroso, minusválido, dolorido. Pero cimentado en ti, alimentado de ti, habitado por ti.
Despierto ante Ti, Señor. Resistente. Esperanzado. En camino con tantos y tantos.
Despierto ante Ti, Señor. Porque creo saber en lo más hondo de mi corazón que realmente eres lo que más merece la pena de todo lo que pudiera merecer la pena.
Señor Jesús, el que perdona lleno de paciencia nuestros extravíos. Señor Jesús, el compasivo frente a tanta y tantas tonterías en que nos enredamos los creyentes. Señor Jesús, el que mira hacia el futuro superando los miedos y las prevenciones de nuestros autoengaños. Señor Jesús, el que inspira la creatividad permanente de los hombres y mujeres de Dios. Señor Jesús, el que libera de los círculos viciosos en los que nos enredamos con nuestras estupideces. Señor Jesús, el que nos infunde esperanza a pesar de nuestras caídas en pecado. Señor Jesús, el que fundamenta la fraternidad al hablarnos de Dios Padre de todos. Señor Jesús, el que impulsa el compromiso para que todos tengamos vida y la pongamos al servicio de la vida. Señor Jesús, el manso lleno de la energía de la no violencia en este mundo de resentidos. Señor Jesús, el que consuela definitivamente en los momentos de la muerte de seres queridos. Señor Jesús, el que sacia de justicia los corazones cansados de tanta y tanta inhumanidad. Señor Jesús, el que nos enseña la limpieza de corazón ante tanto y tanto interés mezquino. Señor Jesús, el que mira como sólo lo puede hacer Dios. Señor Jesús, el que nos hace capaces de creer en Dios de la Vida. Señor Jesús, el que se abre de corazón al que tiene delante. Señor Jesús, el que inspira confianza a pesar de nuestros pesares. Señor Jesús, el que atraviesa las sombras.
Señor Jesús, tu cruz es nuestra luz. Misteriosamente. Santamente.
SEÑOR JESÚS, TUS PALABRAS NO PASARÁN. Tus palabras, presentes en mis silencios de cansancio. Tus palabras, presentes en mis tristezas. Tus palabras, presentes cuando parece que se apaga mi esperanza. Tus palabras, presentes cuando miro la vida con ojos escépticos. Tus palabras, presentes cuando no me siento ubicado en lo que me rodea. Tus palabras, presentes en la entraña de mis aislamientos. Tus palabras, presentes cuando me olvido de que el silencio es revelación. Tus palabras, presentes en el corazón de mis sueños muertos. Tus palabras, presentes en el miedo ansioso hacia el futuro. Tus palabras, presentes en lo más recóndito de mi soledad. Tus palabras, presentes cuando creo que camino por una tierra baldía. Tus palabras, presentes en los absurdos cotidianos. Tus palabras, presentes en el hastío de tanta y tanta estupidez. Tus palabras, presentes en los ruidos de mi mente en el silencio de la oración. Tus palabras, presentes en mis huidas que galopan en el activismo. Tus palabras, presentes en los océanos de la disolución de la autenticidad. Tus palabras, presentes en las pesadillas diarias de la gran ciudad. Tus palabras, presentes en el paso de los años como si fuera un mercancías. Tus palabras, presentes a pesar de tanta y tanta pomposidad ritual. Tus palabras, presentes cuando las doctrinas ya no valen para asirse al sentido real de la vida. Tus palabras, presentes en tantas lágrimas inocentes fruto de la maldad humana. Tus palabras, presentes en las entrañas conmovidas de los tirados en los márgenes de la historia. Tus palabras, presentes en las manos de los que cargan compasivamente con la realidad que vivimos. Tus palabras, presentes en los pacíficos, en los mansos, en los de corazón puro. Tus palabras, presentes todo los santos de todas las épocas, de todas las culturas, de todas las espiritualidades, de todas las religiones.
Señor Jesús, Tus palabras no pasarán. ¿Cómo agradecerte intentar ser discípulo tuyo?
Señor Jesús, no quiero estar lejos del Reino. ¿Qué sería de mí?
Señor Jesús, ante ti, el que se entregó totalmente, ante ti, el que confió completamente, ante ti, el de la total libertad para amar… Señor Jesús, ante ti, hoy me pregunto:
¿Cómo gestiono lo que tengo, qué hago con mis dones, dónde deposito mi corazón? ¿Dónde voy con mi vida?
Señor Jesús, ¿qué hago con mi humildad? Afiánzame. Sanea mi soberbia. Bájame de mis delirios de virtud. Sitúame en mi verdad. Sitúame en el mundo como tú estuviste: abierto totalmente a Dios y abierto totalmente a los hombres.
Señor Jesús, ¿cómo realizo mi prudencia? Acógeme. Cura mis juicios temerarios. Impúlsame hacia la misericordia. Ánclame en lo mejor de mi corazón, ahí donde tu habitas misteriosamente. Que mire la realidad como tú la miraste.
Señor Jesús, ¿cómo genero confianza? Purifícame. Limpia mi ansia de poder y de influencia. Sitúame en la fraternidad. Que sea como tú, sembrador de semillas de comunión.
Señor Jesús, ¿cómo custodio mi fidelidad? Autentifícame. Refuerza mis vínculos. Enraízame en la comunión. Amorízame. Santifícame. Abre aún más mi corazón. Sé tú mi alimento.
A pesar del cansancio, respirar lentamente cuando nos abruman los escombros de la negatividad. ¡Danos tu paz, Señor!
A pesar de la desesperanza. alimentar lo mejor de nuestro corazón: la valentía, la fraternidad, la misericordia. ¡Danos tu reino, Señor!
A pesar de los golpes de pesimismo, mirar los destellos de verdad, de bien, de belleza que resisten entre las ruinas grises. ¡Danos tu mirada, Señor!
A pesar de tanto ruido, a pesar de tanta paparrucha, a pesar de tanta mentira, silenciarse humildemente ante la intensidad del misterio del corazón humano. ¡Danos tu corazón, Señor!
A pesar de tanta superficialidad. sentir lo hondo de tu presencia en los momentos de santidad, en los momentos de justicia, en los momentos de fraternidad. ¡Ábrenos a tu presencia, Señor!
A pesar de tanta ceguera. no cejar en abrir los ojos ante la realidad porque siempre, siempre, siempre lo mejor está por venir. ¡Danos tu espíritu, Señor!
A pesar de todas las crispaciones, serenar todo lo posible las palabras, serenar todo lo posible los gestos, serenar todo lo posible las miradas. ¡Danos tu fuerza interior , Señor!
A pesar de tanta mala práctica. cuidar los detalles de humanidad, cuidar los detalles de empatía, cuidar los detalles de comunión. ¡Danos tu comunión, Señor!
A pesar de tanta desigualdad, alimentar la fraternidad, alimentar la justicia social, alimentar el respeto a los derechos humanos. ¡Danos tu valentía, Señor!
A pesar la crisis ambiental global, cuidar la vida, cuidar toda vida, cuidar toda vida en todo momento. ¡Danos tu amor a la vida, Señor!
A pesar del consumismo compulsivo, optar por la sobriedad diaria, optar por el compartir, optar por la sencillez y la humildad. ¡Danos tu mansedumbre, Señor!
A pesar de tanto individualismo rampante, cuidar el bien común, cuidar toda clase de colaboraciones para el bien, cuidar la cercanía sincera con los que nos rodean. ¡Danos tu comunión, Señor!
A pesar de la avidez de riqueza, optar por la sobriedad, optar por la moderación, optar por la autenticidad. ¡Danos tu pobreza, Señor!
A pesar de tanto sentimiento confuso, buscar la lucidez de tu palabra, buscar las certezas de los impulsos del espíritu, buscar las verdades más humanas siendo para los demás, cuidando a los demás, amando a los demás. ¡Danos tu reino, Señor!
Amorízanos, Señor. Amorízanos día a día. Amorízanos respiración a respiración. Amorízanos como sólo tú sabes hacerlo.