IBAN: ES56 0237 0330 1091 5680 4577
BIZUM: 01212
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nº 01212
OH PADRE, HIJO, ESPÍRITU SANTO
Oh, Espíritu,
incansable fuente de energía,
incansable fuente de conciencia,
incansable fuente de comunión.
Oh, Hijo,
incansable fuente de humanidad,
incansable fuente de solidaridad,
incansable fuente de salvación.
Oh Padre,
incansable fuente de verdad
incansable fuente de bien,
incansable fuente de belleza.
Oh, Espíritu,
incansable fuente de energía en lo más íntimo del ser humano.
incansable fuente de conciencia lo más íntimo de la carne humana,
incansable fuente de comunión en lo más íntimo de la sed humana.
Oh, Hijo,
incansable fuente de humanidad que nos enseña a vivir como Dios manda,
incansable fuente de solidaridad que nos enseña a tratarnos como Dios manda,
incansable fuente de salvación que nos enseña a caminar por la vida como Dios manda.
Oh Padre,
incansable fuente de verdad para los seres humanos sedientos de santidad y justicia,
incansable fuente de bien para los seres humanos sedientos de santidad y justicia,
incansable fuente de belleza para los seres humanos sedientos de santidad y justicia.-
Oh, Espíritu,
incansable fuente de energía para todas las personas sensibles y santas en la historia de la humanidad,
incansable fuente de conciencia que nos ayuda a comprender la entrega confiada en tus manos.
incansable fuente de comunión entre todos los buscadores de sentido santo en sus vidas.
Oh, Hijo,
incansable fuente de humanidad para todos los sabios sea cual sea su cultura y su sensibilidad,
incansable fuente de solidaridad para todos aquellos que buscan la paz y la justicia en el género humano.
incansable fuente de salvación para todos los que están tirados en lasa malditas cubetas de la historia.
Oh Padre,
incansable fuente de verdad entre tanta y tanta mentira hipócrita de los ebrios de su propio ego,
incansable fuente de bien entre tanto y tanto daño de los cínicos y los malvados armados hasta los dientes,
incansable fuente de belleza ante tanta y tanta maldad de los malignos en estos tiempos de hienas.
Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu
haced que emerja lo mejor de cada uno de nosotros,
eso en lo que nos parecemos a ti,
esa comunión,
ese amor,
esa vida…
ese misterio para el que no tenemos palabras,
ese misterio que nos habita y nos impele,
ese misterio en el que estamos implantados,
ese misterio que nos hace confiar en la realidad,
ese misterio que nos hace confiar en que lo mejor está por llegar,
ese misterio que nos capacita para sembrar el reino,
ese misterio que nos impulsa a la profecía,
ese misterio que nos permite comprender que las salvación ya ha comenzado.
ese misterio que nos une
en una sola humanidad,
en una sola vida,
en una sola realidad
santa y santificada,
en una sola vida
inmensa y multiforme,
en una sola humanidad
tan necesitada
de paz,
de perdón,
de misericordia.
EPIFANÍA.
LATIDO A LATIDO
Latido a latido, has puesto tu tienda en nuestra historia y te revelas como un Dios débil entre los débiles.
Eres la carne del misterio sobre todo misterio.
Ábrenos el entendimiento y el corazón para seguir confiando en tu presencia sanadora.
Pálpito a pálpito, has entrado en lo más íntimo de nuestra historia por medio de tu Hijo, – la mejor exégesis de Dios -.
Eres la palabra de Dios para todos los seres humanos.
Ábrenos el corazón para arriesgarnos a cuidar de verdad la vida que nos rodea.
Respiración a respiración, por ti sabemos que toda biografía está atravesada por un hilo de gracia, por una presencia, por un poder silencioso que recrea y enamora.
Ábrenos los ojos para comprender que tanto amor no puede terminar, como si todo diera igual.
Asombrados, descubrimos que podemos tener experiencia de Ti a través de la experiencia de ser hombres, – humanos a veces demasiado humanos -.
Haznos audaces en la fe, la esperanza y en la caridad a pesar de nuestras limitaciones.
Dios de los hombres, haznos capaces de crear la nueva humanidad desde la debilidad y no desde la fuerza, el poder o la riqueza.
Eres la universalización de Dios.
Haznos capaces de predicar a Jesucristo desde nuestra actividad: que lo que hagamos como seres humanos sea un espacio sagrado de ternura, de encuentro, de entrega gratuita.
Fortalécenos ante los retos que estos tiempos extraños y convulsos nos ponen por delante.
Danos paz en las decisiones que tomemos.
Ilumínanos en nuestras maneras de entender el mundo y lo que nos pasa en el mundo.
Santifícanos en nuestros esfuerzos por la construcción de la fraternidad universal en santidad y justicia.
Haznos instrumentos cuidadosos y benéficos en nuestras relaciones personales y sociales.
Haznos constructores de ambientes seguros donde todos podamos vivir en libertad y confianza.
Haznos compañeros de camino de los mejores de la humanidad que buscan paz y justicia.
Que miremos más y mejor la realidad para detectar el poder Tu Espíritu que aventa los corazones de los santos, de los justos, de los benefactores de la humanidad, tengan la confesión que tengan.
Que no deje de dolernos en corazón por todos los humillados y ofendidos en su dignidad humana.
Que no deje de dolernos tanta y tanta barrera física, legal y emocional ante los descartados de la historia.
Que no deje de dolernos tanto sufrimiento evitable de los más vulnerables.
Oh Dios,
bendícenos,
impúlsanos,
mejóranos.
Enraízanos aún más en Ti.
LO MEJOR ESTÁ SIEMPRE POR LLEGAR
Te pido, Señor, por todas aquellas familias donde no hay confianza y encuentro.
Dales paz, perdón, encuentro.
Te pido, Señor, por todas aquellas familias donde no hay ternura y amor.
Dales un corazón abierto, generoso, sereno.
Te pido, Señor, por todas aquellas familias donde no hay servicio, entrega y donación.
Dales entrañas de misericordia, de consuelo, de servicio.
Te pido, Señor, por todas aquellas familias donde no hay alegría.
Dales esperanza, sosiego, fortaleza.
Hazme, Señor, instrumento de tu amor, de tu paz, de tu fraternidad.
Hazme instrumento de tu misericordia entrañable, de tu humildad, de tu dulzura, de tu comprensión.
Hazme Señor, instrumento de tu luz, para que quien me vea
aumente su esperanza
y pueda ver las posibilidades reales
de un nuevo comienzo,
de una nueva vida,
de una nueva manera de habitar más humanamente el mundo.
Hazme, Señor, testigo de que lo mejor, siempre, está por llegar.
Hazme instrumento de tu presencia santa y justa entre los míos,
entre los que me rodean,
entre las personas con las que me encuentro en las cada vez más extrañas calles de mi ciudad,
entre los cada vez más extraños pasillos y despachos de mi trabajo,
en los cada vez más solitarios corredores y escaleras del portal de mi casa.
¡VEN, QUE SE NOS SECA EL CORAZÓN!
¡Ven, que se nos seca el corazón!
Casi cegados en estos tiempos cínicos de hienas.
¡Ven ya, Señor y ábrenos los ojos para
ver tu poder santificador entre nosotros!
Resentidos y hastiados merodeamos ansiosos
por estos tiempos tan inhóspitos, tan ruidosos, tan feos.
¡Ven ya, Señor y oriéntanos hacia tu amor sobre todo amor.
Muchas veces solo somos capaces de ver
sombras como si fueran los preludios del fin de los tiempos.
Hay tanta codicia. Hay tanta mentira. Hay tanta herida… impune.
¡Ven ya y restáuranos!
Tenemos ese hambre de siglos y siglos de sufrimientos evitables.
Hambre de paz. Hambre de comunión. Hambre de belleza.
Un hambre como solo puede ser el hambre de los seres humanos
que saben que no basta ser solo seres humanos,
que no es posible que solo seamos seres humanos.
¡Ven ya y aliméntanos!
¡Ven ya, Señor!
¡Ven ya, Señor!
Sé nuestra alegría auténtica.
Sé nuestro consuelo auténtico.
Sé nuestra paz serena.
Sé nuestro alimento.
Sé nuestro abrazo.
Sé nuestro silencio primero y último.
¡Ven ya, Señor!
Colma nuestra hambre de vida, de amor, de autenticidad.
Hambre de ti.
Hambre de santidad y justicia.
Hambre de Dios.
Sé que no puede ser de otra manera, que serás el Dios con nosotros ahora y siempre…
Sé que hablaron los profetas.
Sé que los santos lo proclaman con sus vidas.
Sé que los místicos callan, asombrados, ante tu fascinante susurro que hace música de una caña rota.
¡Ven amor sobre todo amor!
¡Ven vida sobre toda vida!
¡Ven comunión sobre toda comunión!
¡Ven, que se nos seca el corazón!
BIENAVENTURADO EL QUE NO SE ESCANDALICE DE MÍ
Bienaventurado el que abre su corazón al amor sobre todo amor de Cristo.
Bienaventurado el que acepta que Cristo es el camino, la verdad y la vida.
Bienaventurado el que alienta a los demás a reconocer que Cristo es el Salvador.
Bienaventurado el que atestigua con su vida diaria que Cristo es el Señor.
Bienaventurado el que busca mi rostro, dice el Señor a todos los cristianos de todas las culturas.
Bienaventurado el que busca la luz de Cristo cuando las ruinas biográficas se amontonan aviesamente.
Bienaventurado el que comunica con serena confianza la verdad de las verdades de su vida: Cristo.
Bienaventurado el que confía en que Cristo llevará razón al final de los tiempos.
Bienaventurado el que confiesa el nombre sobre todo nombre, Cristo.
Bienaventurado el que cree a fondo perdido en que Cristo es la salvación misericordiosa de Dios.
Bienaventurado el que da razón de su fe con lo mejor de su mente, de sus manos y de su corazón.
Bienaventurado el que declara su fe en Cristo en la vida cotidiana, fácilmente, con alegría.
Bienaventurado el que descansa de la aspereza de vivir en el corazón siempre amable de Cristo.
Bienaventurado el que descubre su corazón alegre al vivir orientado a Cristo.
Bienaventurado el que desvela el misterio de los tiempos que se muestra en Cristo.
Bienaventurado el que evangeliza hablando de su experiencia de Cristo.
Bienaventurado el que espera contra toda esperanza en que Cristo llevará razón al final de los finales.
Bienaventurado el que expresa su enraizamiento en Cristo cuando la vida se pone áspera y dura.
Bienaventurado el que genera ambientes de donde la libertad de Cristo florece.
Bienaventurado el que glorifica a Cristo de pensamiento, palabra y obra.
Bienaventurado el que habla con el corazón del amor de Cristo a la humanidad doliente.
Bienaventurado el que ilumina la dureza del corazón humano con las palabras de Cristo.
Bienaventurado el que invoca el nombre de Cristo en las duras y en las maduras.
Bienaventurado el que irradia el amor de Cristo con su ternura cotidiana.
Bienaventurado el que lleva en su corazón las huellas de Cristo.
Bienaventurado el que manifiesta su profunda fe en Cristo a pesar de lo humano demasiado humano.
Bienaventurado el que musita en su dolor más profundo a Cristo salvador.
Bienaventurado el que nombra a Cristo como Señor de su corazón.
Bienaventurado el que tiene a Cristo como su verdad más verdadera.
Bienaventurado el que profesa su fe en Cristo con la libertad de los hijos de Dios.
Bienaventurado el que recibe a Cristo con los brazos abiertos.
Bienaventurado el que reconforta a los dolientes con la fuerza de Cristo.
Bienaventurado el que respira nombrando a Cristo.
SEÑOR, CONVIÉRTENOS
Señor, conviértenos…
Del deseo de control a dejarse llevar por el amor que da coherencia a todo.
De la inquietud del corazón a la calma acogedora de la cena familiar.
De la soberbia sin fundamento a la humildad de saberse acompañado por Ti.
De la perplejidad a la comprensión de que todo acabará bien.
Del desencuentro a la reconciliación con lo mejor de la humanidad.
Del desasosiego a la paz en tu corazón.
De la desazón a la fe que orienta y salva.
Del deslumbramiento a la serenidad confiada de tu presencia.
Del estupor a la maravilla de tu reino.
De la extrañeza de existir a la nueva inocencia.
Del frío de las ruinas de la cultura en la que vivimos a la ciudad de Dios y de los hombres que nos regalas.
Del miedo a la serenidad confiada de tu presencia.
De la palabrería al silencio santo.
Del pasmo a la sonrisa agradecida ante el regalo de tu misericordia.
Del ruido al silenciamiento que te revela.
Del vértigo a la confianza en tu salvación.
De sentirnos poca cosa a sabernos amados sin medida.
Del desconcierto al camino que nos lleva a ti.
Del aturdimiento a la lucidez de tu gracia.
De la desubicación existencial a enraizarnos en tu santidad poderosa.
De la ceguera a la comprensión de corazón.
De la avidez a la austeridad.
De la complicación a la sencillez.
De las distracciones en paparruchas a centrarnos en lo esencial.
Señor, conviértenos en comunión,
conviértenos en paz,
conviértenos en sacramentos de santidad y justicia.
Señor, conviértenos a ti,
conviértenos contigo,
conviértenos para ti.
ESTAD EN VELA
Con la sonrisa abierta, abierta a toda la misericordia que nos regala el santo de los santos.
Con las palabras de paz, siempre dispuestas a ver lo mejor de la humanidad como el santo de los santos.
Con las puertas abiertas, dispuestas a la verdadera hospitalidad del encuentro como el santo de los santos.
Con las ventanas abiertas, abiertas a la vida que nos impele hacia más y mejor, vida enraizada en el santo de los santos.
Con la inteligencia abierta, explorando destellos de verdad y bien que nos revela el santo de los santos.
Con el corazón abierto, con hambre de comunión con el santo de los santos.
Con las manos abiertas, con el deseo de acoger al santo de los santos.
Con el oído abierto, con la esperanza en la palabra definitiva del santo de los santos.
Con los ojos abiertos, con la sed de reconocer en cualquier ser humano muy humano al santo de los santos.
Con la mirada abierta, avizorando lo que de verdad importa del santo de los santos.
Con la ternura dispuesta, en resonancia con la misericordia habitual del santo de los santos.
En vela,
accesibles,
acogedores,
afables,
amables… como el santo de los santos.
CRISTO, SIN MÁS.
Cristo, Tú, el abrazo fraternal.
Cristo, Tú, el aliento incasable.
Cristo, Tú, el arraigo que nos alimenta.
Cristo, Tú, el criterio de la calidad de vida humana.
Cristo, Tú, el espíritu de la espiritualidad.
Cristo, Tú, el futuro de los futuros.
Cristo, Tú, el hermeneuta de Dios.
Cristo, Tú, el hermeneuta del hombre.
Cristo, Tú, el holístico fascinante.
Cristo, Tú, el horizonte de los buscadores.
Cristo, Tú, el integrador de lo mejor de las culturas.
Cristo, Tú, el más humano de los humanos.
Cristo, Tú, el que concierta en los desconciertos.
Cristo, Tú, el sentido de los sentidos.
Cristo, Tú, el silencio que nos une.
Cristo, Tú, el sustento de nuestro vivir.
Cristo, Tú, el universalista que quita etiquetas.
Cristo, Tú, la acogida sin límite.
Cristo, Tú, la armonía silenciosa.
Cristo, Tú, la belleza que recrea y enamora.
Cristo, Tú, la clave de cualquier cosmovisión.
Cristo, Tú, la compañía persistente.
Cristo, Tú, la estrella polar.
Cristo, Tú, la fecundidad.
Cristo, Tú, la guía del que tiene hambre y sed.
Cristo, Tú, la memoria que nunca falla.
Cristo, Tú, la permanencia santa.
Cristo, Tú, la profundidad de nuestro corazón.
Cristo, Tú, la respuesta veraz.
Cristo, Tú, la tradición liberadora.
Cristo, Tú, la última reserva.
Cristo, Tú, la unificación.
Cristo, Tú, sin más.
YO OS DARÉ PALABRAS Y SABIDURÍA
Señor te revelas y nos revelas: nos das la verdad y la verdad del ser humano,
Somos oyentes de tu palabra: haznos dóciles, con la mente y el corazón abierto, obedientes en la plena confianza.
Transfórmanos en instrumentos de tu presencia.
Señor te encarnas en la vida cotidiana: en nuestros quehaceres cotidianos, en todas nuestras relaciones, en todas nuestras fragilidades.
Afirmas y reafirmas la humanidad como lugar de encuentro contigo.
Transfórmanos en un signo tuyo, en un instrumento de tu santidad y justicia.
Seños nos enseñas con Pascua el morir a todo lo vieja para vivir la fascinante novedad de la vida del Espíritu.
Nos das lucidez ante el mal: sabemos que el daño no es la última palabra, la última experiencia, la última entraña del ser humano.
Transfórmanos en seres humanos capaces de coraje enérgico y de consuelo profundamente humano en todas las circunstancias de nuestra vida.
Señor Jesús, misteriosa pero gozosamente sabemos que nos salvas, nos curas interiormente, restauras los vínculos contigo y con los demás.
Nos reconfiguras como seres libres, amorosos e inteligentes para la construcción del reino de vida en abundancia.
Transfórmanos en seres de comunión, de encuentro, de paz cotidiana reconciliada.
Señor Jesús, tu gracia, esa inmensa fuente de gratuidad radical y providente.
Nos haces capaces de una alianza contigo en la experiencia y construcción de la santidad y de la justicia.
Transforma nuestros miedos, nuestras autolimitaciones y nuestras tristes ambiciones en obras de de tu amor misericordioso.
Señor Jesús, más allá de cualquier posibilidad de poder atrapar/nombrar tu acción en la realidad y en la vida de la humanidad, la fe en ti nos vertebra en los vaivenes de la vida.
Nos das ojos nuevos, corazón nuevo, sensibilidad nueva para comprender lo que somos y a lo que estamos llamados.
Transforma nuestros tumbos en la vida en una misión de amor y en una identidad amorosa en plena comunión contigo.
Señor,
nos convocas,
nos humanizas,
nos transfiguras,
nos sanas,
nos llenas de tu gracia,
nos vinculas a ti.
Danos palabras, gestos, presencias
para que esta inmensa buena noticia
llegue a la vida, a la mente y a los corazones
de las personas con las que convivimos
en la vida que nos toca vivir.